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Antón va en serio

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La gloria correspondió a Igor Antón, pero fue Ezequiel Mosquera quien provocó los acontecimientos que encumbraron a unos cuantos y hundieron a bastantes más. Aunque tal vez sea excesivo hablar de hundimientos. A diferencia del Giro o el Tour, donde las pájaras se pagan con retrasos de un cuarto de hora, en la Vuelta hay desfallecimientos que no pasan del minuto. De manera que todavía no se puede descartar ni a los más damnificados. Queda mucho, quedan muchos y Antón lo observa todo desde arriba.

Pero regresemos a Mosquera. Ayer su papel fue el del anarquista que disparó contra el archiduque Francisco Fernando, aquel atentado que desencadenó la Primera Guerra Mundial. Si piensan que exagero, pregunten al archiduque Purito. El arreón de Mosquera le reventó. También hirió a Nibali. Y desangró al resto de favoritos.

Dirán ahora que Antón simuló un mal momento para dosificar sus fuerzas, pero apuesto a que verdaderamente pasó un mal trago. Se retorció a comienzo de puerto y sufrió aún más cuando, después de alcanzar al trío cabecero, se volvió a descolgar, visiblemente exhausto. No era estrategia, pues, sino supervivencia. Otra cosa es que Igor levantara el pie antes de que se encendieran los pilotos rojos. Ese fue su primer acierto.

Purito y Nibali no advirtieron esas señales. Se obsesionaron con la rueda de Mosquera (34 años) sin reflexionar sobre su impulso suicida, sobre su historia de frustraciones en etapas de la Vuelta: dos segundos puestos, dos terceros y dos cuartos; otras cien veces entre los diez primeros. Semejante carga de ansiedad fue acabando con el trío como un metódico asesino. Para empezar Purito, bang. Luego Nibali; por fin, Ezequiel.

El rastro de los heridos resucitó a Igor. La visión de Purito a la deriva le demostró que, aunque las piernas ayudan, se corre con la cabeza. De inmediato pasó de víctima a verdugo, de lamentarse a relamerse. Con ese ánimo fue superando a sus rivales, incluido Mosquera, otra vez burlado por el destino.

Antón ganó la etapa, las bonificaciones y el liderato. También el maillot de los puntos y el de la regularidad. Pero lo más importante es el efecto sobre su confianza, la que gana él (también su equipo) y la que pierden los demás. Mosquera se presentó a tres segundos y Tondo a 10 (ojo con él, que ya no disimula). Nibali y Frank Schleck cedieron 23 segundos, Sastre 32 y Purito 59. Menchov se dejó 5:06.
La Vuelta sigue viva.

No son grandes diferencias, a tenor de la batalla que presenciamos y de las que nos quedan por ver (Asturias, Bola del Mundo…). A excepción del ruso (con la cabeza en otra parte), todos los favoritos parecen conservar sus opciones, incluido Purito, que salvó el tipo y haría mal en rendirse ahora. Nibali sigue acechando a 45 segundos y el resumen general es que la Vuelta sigue viva, con la sorpresa amenazando en cualquier esquina y con Ezequiel Mosquera rondando por allí.

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