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El jardinero y limpiabotas que cosechó oro en Mayagüez

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La vida del pedalista Augusto Sánchez no es la de cualquier atleta que en base a su talento y dedicación logra abrazar la gloria. Sus primeros años fueron difíciles, ya que tuvo que enfrentar vicisitudes y obstáculos, pero que gracias a sus deseos de triunfar hoy  cosecha con creces los frutos  que los consagran como uno de los máximos exponentes del ciclismo dominicano.

Sánchez, quien en los recién concluidos Juegos Centroamericanos y del Caribe se alzó con una presea de oro (carrera por puntos), una plata (persecución por equipos) y un bronce (madison), fue durante diez años jardinero y lustrador de zapatos en una casa de familia en Barahona, de donde es nativo, debido a que sus padres Miguel Sánchez, agricultor, y  Adelaida Beriguete, ama de casa, no poseían los recursos necesarios para su sustento y complacerlo en algún antojo como todo joven, de comprar lo que anhela tener.

En su trabajo devengaba mil pesos mensuales donde tenía que ir todos los días, oficio que tenía que combinar con el de lustrador de zapatos del cual percibía cien pesos.

“Mis padres sólo me daban la comida, no me podían dar para otras cosas, como  comprarme lo que yo quería, como ropa, mis útiles y llevar dinero a la escuela, pero yo me desenvolvía con lo que recibía”, expresó Sánchez con voz entrecortada, quien no olvida aquellos momentos cuando hacía su contribución económica de lo que ganaba a la causa del hogar.
“Mis padres sólo me daban la comida, no me podían dar para otras cosas, para comprarme lo que yo quería, como ropa, mis útiles y llevar dinero a la escuela, pero yo me desenvolvía con lo que recibía”,”
Augusto Sánchez, ciclista

Además tuvo que lidiar con situaciones adversas cuando por mucho tiempo durmió solo en el velódromo, sin tener con qué entretenerse ni con quién hablar, porque todos sus compañeros del ciclismo vivían en Santo Domingo y se les hacía cuesta arriba trasladarse desde Barahona, pero su fortaleza mental lo mantuvo firme.

Su interés por el ciclismo despertó el 27 de febrero de 1999 cuando estaba de viaje de Barahona a Santiago y por casualidad se encontró  con la vuelta independencia que se corría desde la Vega a Santo Domingo, causándole gran admiración el pelotón de ciclistas que por allí se dirigía.

“Mi primera impresión fue ¡wao qué bello se ve!  y  dije me encantaría algún día ir ahí con todas esas gentes, porque no sabía cómo decirle si eran ciclistas o bicicleteros”, bromeó el ciclista que está casado con Ana María Vásquez, con quien ha procreado a Airán Michel Sánchez, su única hija quien tiene 10 meses y ha venido a llenar un gran vacío en su vida, y que cuando sube a la bicicleta no deja de pensar en su pequeña criatura. El laureado deportista que se trasladaba a su trabajo y a la escuela en su pequeña bicicleta (BMX), comienza a participar en las carreras de ciclismo en su lar nativo Barahona, donde enseña sus dotes y aptitudes en ese deporte, llamando la atención del presidente de la asociación de ciclismo en esa provincia, Francisco Peña, ya fallecido.

Peña, al percatarse de las cualidades atléticas del joven, decide comprar bicicletas más grandes, las cuales se las prestaban a Sánchez y a un grupo de amigos y fue él quien se encargó de introducirlo formalmente al deporte de las dos ruedas cuando lo lleva a Santo Domingo al velódromo.

A partir de ahí, llegó la celebración de los Juegos Naciones de La Romana en mayo del 2000, donde obtuvo la medalla de plata en la persecución por equipo. Aún sin despegar como ciclista, su carrera parecía llegar a su final.

“Después de  esos juegos regresé a mi casa y  dejé el ciclismo totalmente porque tenía que dedicarme al trabajo y a la escuela”, agregó Sánchez, de 27 años y residente en Santiago, con una inconfundible humildad.

Su empeño y afán por ese deporte nunca mermó y su artífice Francisco Peña continuó incentivándolo y es en una ocasión cuando un vecino de él en Barahona perteneciente a la Marina de Guerra le pregunta: “Tú tienes familia en Santo Domingo, ¿qué crees si te llevamos allá? y a lo que el novel joven le cuestiona “¿y enganchan para montar bicicleta nada más?”, el señor le responde “sí”,  la alegría de Sánchez no se hizo esperar pero le advirtió que primero debía terminar el año escolar.

OBJECIÓN DE SUS PADRES
Cuando se inclinó por el ciclismo, sus progenitores de inmediato le comunicaron su inconformidad ya que eran de escasos recursos y no podían ofrecerle muchas cosas para que él se ocupara de practicar esa disciplina, además de que había dejado el trabajo para integrarse de lleno al ciclismo y lo notaban desmejorado, fruto del tiempo que le dedicaba, lo que obligó a que ellos le sugirieran que abandonara ese deporte.

Pero el atleta le hizo caso omiso y le manifestó que se iba para donde su hermana en Santo Domingo a montar bicicleta, a lo que ellos respondieron que “él es grande y sabe lo que hace”.

Con el paso del tiempo el señor que le compró la bicicleta convenció a sus padres y los invitó a observarlo durante sus entrenamientos hasta que se resignaron y le dieron el visto bueno.

”De verdad le agradezco muchísimo a Francisco Peña, creo que sin él no hubiera podido estar donde estoy ahora”, dijo con sus ojos humedecidos.

Además tuvo que lidiar con situaciones adversas cuando por mucho tiempo durmió solo en el velódromo, sin tener con qué entretenerse ni con quién hablar, porque todos sus compañeros del ciclismo vivían en Santo Domingo y se les hacía cuesta arriba trasladarse desde Barahona, pero su fortaleza mental lo mantuvo firme.

Su interés por el ciclismo despertó el 27 de febrero de 1999 cuando estaba de viaje de Barahona a Santiago y por casualidad se encontró  con la vuelta independencia que se corría desde la Vega a Santo Domingo, causándole gran admiración el pelotón de ciclistas que por allí se dirigía.

“Mi primera impresión fue ¡wao qué bello se ve!  y  dije me encantaría algún día ir ahí con todas esas gentes, porque no sabía cómo decirle si eran ciclistas o bicicleteros”, bromeó el ciclista que está casado con Ana María Vásquez, con quien ha procreado a Airán Michel Sánchez, su única hija quien tiene 10 meses y ha venido a llenar un gran vacío en su vida, y que cuando sube a la bicicleta no deja de pensar en su pequeña criatura. El laureado deportista que se trasladaba a su trabajo y a la escuela en su pequeña bicicleta (BMX), comienza a participar en las carreras de ciclismo en su lar nativo Barahona, donde enseña sus dotes y aptitudes en ese deporte, llamando la atención del presidente de la asociación de ciclismo en esa provincia, Francisco Peña, ya fallecido.

Peña, al percatarse de las cualidades atléticas del joven, decide comprar bicicletas más grandes, las cuales se las prestaban a Sánchez y a un grupo de amigos y fue él quien se encargó de introducirlo formalmente al deporte de las dos ruedas cuando lo lleva a Santo Domingo al velódromo.

A partir de ahí, llegó la celebración de los Juegos Naciones de La Romana en mayo del 2000, donde obtuvo la medalla de plata en la persecución por equipo. Aún sin despegar como ciclista, su carrera parecía llegar a su final.

“Después de  esos juegos regresé a mi casa y  dejé el ciclismo totalmente porque tenía que dedicarme al trabajo y a la escuela”, agregó Sánchez, de 27 años y residente en Santiago, con una inconfundible humildad.

Su empeño y afán por ese deporte nunca mermó y su artífice Francisco Peña continuó incentivándolo y es en una ocasión cuando un vecino de él en Barahona perteneciente a la Marina de Guerra le pregunta: “Tú tienes familia en Santo Domingo, ¿qué crees si te llevamos allá? y a lo que el novel joven le cuestiona “¿y enganchan para montar bicicleta nada más?”, el señor le responde “sí”,  la alegría de Sánchez no se hizo esperar pero le advirtió que primero debía terminar el año escolar.

OBJECIÓN DE SUS PADRES
Cuando se inclinó por el ciclismo, sus progenitores de inmediato le comunicaron su inconformidad ya que eran de escasos recursos y no podían ofrecerle muchas cosas para que él se ocupara de practicar esa disciplina, además de que había dejado el trabajo para integrarse de lleno al ciclismo y lo notaban desmejorado, fruto del tiempo que le dedicaba, lo que obligó a que ellos le sugirieran que abandonara ese deporte.

Pero el atleta le hizo caso omiso y le manifestó que se iba para donde su hermana en Santo Domingo a montar bicicleta, a lo que ellos respondieron que “él es grande y sabe lo que hace”.

Con el paso del tiempo el señor que le compró la bicicleta convenció a sus padres y los invitó a observarlo durante sus entrenamientos hasta que se resignaron y le dieron el visto bueno.

”De verdad le agradezco muchísimo a Francisco Peña, creo que sin él no hubiera podido estar donde estoy ahora”, dijo con sus ojos humedecidos.

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