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Un Fédrigo heroico se lleva una etapa decepcionante

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El Tour no sería el Tour sin la ascensión al Tourmalet. A 2.115 metros, el Col du Tourmalet esperaba al pelotón para ser juez de la ronda gala. La cota que más veces se ha coronado en esta carrera se habrá sentido dolida por la experiencia vivida este año en sus lomos. Muchos eran los que a la hora de comer tenían cita con el televisor para ver esta etapa. Lo mismo ocurría en las rampas del puerto pirenaico, donde aficionados al mundo del ciclismo se dieron cita desde el miércoles para vivir una ascensión que prometía. Pero se dieron un palmo de narices porque este año, el año donde supuestamente hay un abanico más amplio de posibles ganadores, no hubo ningún favorito que diera espectáculo. Es más, ningún ciclista se atrevió ni siquiera a lanzarse unos metros para probar a sus rivales y decidieron guardar fuerzas de cara a los Alpes. Sin duda, la mejor noticia para Astana, que sigue llevando las manijas de este Tour a la perfección. Con Contador y Armstrong a la espera de un maillot que llegará cuando ellos creen oportuno. Mientras tanto, que lo defienda Nocentini (AG2R). El amargor de lo vivido en el puerto de especial categoría, lo endulzó Fédrigo (Bouygues) que logró fructificar una escapada desde el séptimo kilómetro junto a Franco Pellizotti (Liquigas).

El chasco del Tourmalet contrasta con la fuerza con la que comenzó la jornada. Y es que la inquietud en el pelotón se hizo palpable desde el inicio, baza que aprovechó un grupo de 15 corredores para probar fortuna de los que aguantaron valientemente Jens Voigt (Saxo Bank), Franco Pellizotti (Liquigas), Leonardo Duque (Cofidis) y Pierrick Fédrigo (Bouygues) con un fuerte ritmo que lograron estirar la ventaja hasta los 5 minutos antes del aperitivo de lo que iba a ser el plato fuerte del día. Aspin, un puerto de primera categoría con 12,5 kilómetros, recibió con buena cara a los cuatro fugados y ellos cumplieron en la ascensión con buenos relevos y sacando segundos a cada pedalada.

Por detrás, el AG2R tomó el mando del pelotón sin asfixiar a ningún corredor, cosa que no pareció agradar a algunos ciclistas como a Ten Dam (Rabobank) que saltó en cuanto pudo. El holandés abrió la caja de Pandora y a partir de entonces los movimientos se hicieron continuos con la intención de que los equipos ordenaran sus fichas de cara al futuro de la etapa. Saltó Paulinho (Astana), compañero de fatigas de Contador, no paró de intentarlo Van den Broeck (Silence Lotto) y el ruso Vladimir Karpets (Katusha) puso el punto de locura al saltar en las rampas de Aspin con plato grande, arrancando las pegatinas de todo aquel que rebasaba como si fuera una MotoGP.

En el grueso de la carrera, los favoritos se limitaban a levantar la cabeza, activar el GPS y ponerle cara a aquel que probara fortuna. En la parte trasera del pelotón, la historia era otra. Era un recordatorio al manual de la Selección Natural de Charles Darwin, que sirvió para conocer qué especies (corredores) estaban lo suficientemente cualificadas para sobrevivir junto a los fuertes y poder plantar cara al coloso más famoso del macizo pirenaico.

Aspin despidió a los corredores con Voigt, Pellizoti y Fédrigo en cabeza. Duque, ya descolgado, pasó cuarto y un grupo intercalado entre la cabeza y el pelotón rebasó el alto con dos españoles del Euskaltel metidos (Amets Txurruka y Egoi Martínez) y Gárate del Rabobank. 30 kilómetros de descenso entre puerto y puerto para dosificar y preparar psicológicamente lo que iba a ser un castigo para las piernas de los corredores.

Un Tourmalet descafeinado
Llegaba la hora de la verdad para muchos corredores. Era el turno de los Schleck, Sastre, Menchov, Evans y todos aquellos ciclistas que prometían mucho en Mónaco pero que todavía no habían jugado sus cartas. 17 kilómetros con un desnivel de 1.260 metros, con pendientes del 9,7% y una media del 7,4% para intentar buscar las cosquillas al insufrible Astana. Delante, a Duque le pasó factura la primera parte de la etapa y optó por sacar la bandera blanca y fue rebasado en las primeras rampas por el grupo de perseguidores. Y en el trío de cabeza, lo esperado. El italiano Pellizotti sacó a relucir su condición de escalador para romper la relación de tres y seguir en pareja junto al francés Fedrigo, alternando de forma perfecta los relevos que les llevó a coronar en solitario.

En el pelotón, el equipo del líder Nocentini (AG2R) seguía comandando el grupo sin que nadie asomara la cabeza. Se consumían los kilómetros y todo parecía un Déjà vu . Una experiencia vivida el viernes en Arcalís cuando ningún favorito se aventuraba a atacar y solamente Alberto Contador se atrevió a dar algo de espectáculo. Hoy ni eso. El puerto más sexy del Tour pasó sin penas ni gloria, sin que ningún ciclista se levantara en armas para combatir la supremacía de Astana ni el maillot amarillo de Nocentini. Por ser positivos, alzaremos la figura de Gárate que subió el Tourmalet sobrado de fuerzas y controlando en todo momento la ascensión, sin ni siquiera esperar relevos.

Una vez masacrada toda esperanza de emoción, los últimos 60 kilómetros sirvieron para que el pelotón se pusiera firme e intentar volatilizar las aspiraciones de todo aquel que se encontraba por delante. Primero cayó el grupo de perseguidores y en los últimos 30 kilómetros, el grueso voló para pretender echar por tierra el gran trabajo de los dos fugados. Rabobank, Caisse de Epargne y Columbia se pusieron en busca de un sprint masivo.

Pero no contaban con los Milagros de Lourdes. Fue rebasar el santuario y la diferencia con los fugados se congeló y apenas variaba del minuto y cuarenta segundos. El pelotón no tiraba la toalla y aún así logró acercarse hasta los 30 segundos pero los dos viajeros solitarios consiguieron llegar a meta en un sprint que finalmente recayó sobre el francés Fédrigo y que da el segundo triunfo de etapa al Bouygues. Mañana, jornada de descanso para que el martes, el pelotón se ponga camino a Issoudun, en la primera etapa sin pinganillos.

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